Existen formas muy efectivas con las cuales puedes convertir la tristeza en sonrisas. Primero sea menos virtual y más tridimensional. Si usted se pasa todo el día frente a una computadora, párese y busque un poco de calor humano. Incluso pasar un rato con desconocidos aumenta la sensación de bienestar. Uno ríe con más ganas cuando estás con otras personas en el cine que cuando ve una película en casa.
Dé las gracias. Tal vez parece cursi o absurdo hacer una lista de las cosas por las que siente gratitud, pero da resultado. Dar gracias por lo que se tiene quizás sea la acción más útil que puede realizar para aumentar su cociente de felicidad. Piense en todas las cosas buenas que le ocurren a lo largo del día como si fueran cuentas en un hilo, y vea cómo se van sumando poco a poco.
Prefiera lo memorable y no lo material. Si tiene que elegir entre comprar un auto o salir de vacaciones con su familia, haga las maletas. El recuerdo de los ratos de diversión con los amigos y seres queridos perduran para siempre. Condimente su vida con risa y alegrías. Intente ver el lado gracioso de las cosas de la vida.
Refúgiese en una zona libre de estrés. Piense en un sitio donde siempre se sienta feliz y relajado. Luego cuando esté tenso y afligido, evóquelo con todo detalle. Vea el vaso medio lleno. Siempre que sea posible, trate de ver el lado positivo de las cosas. Si se detiene a analizar su vida y la valora con sinceridad, puede que vea que en realidad no le va tan mal.
Haga salir el artista que lleva adentro. Evoque una etapa de su vida en que tenía tiempo para expresarse con creatividad. La expresión relajada de su talento puede hacer que se sienta feliz. Haga el bien; los actos de bondad proporcionan tanto placer al que los realiza como al que se beneficia de ellos. Disfrute al máximo cada momento. En vez de esperar a que le ocurra algo para celebrar, ¿Por qué no festejar hoy mismo? Brinde por que sea un buen día.
Vamos, sea feliz!
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